Cuantas veces no logramos comprender cabalmente el significado de los acontecimientos, algunas veces porque no les prestamos atención, otras veces porque va más allá de nuestro entendimiento y otras veces porque nos quedamos enceguecidos ante nuestra propia "pre-concepción" de lo que debió haber sido y no fue...
Pareciera, por otro lado que con el correr del tiempo, esto se va "solucionando", porque otros acontecimientos van ocurriendo y nos hacen reflexionar, darnos cuenta, tal vez, nos parezca que demasiado tarde.
Existe una corriente de pensamiento llamada "Fatalismo", que es la creencia según la cual todo sucede por ineludible predeterminación o destino.
Ubicándome dentro de esa línea de pensamiento, entonces, nada es demasiado tarde o demasiado temprano, es cuando debe ser.
A la luz de los acontecimientos, siempre somos gurúes...pero en el momento preciso de estar en medio de los hechos, nos vemos obligados a tomar decisiones. A veces decisiones inmediatas, otras veces, decisiones que pueden meditarse más concienzudamente...
sin embargo, indistintamente se trate de unas o de otras, muchas veces surge lo que he dado en llamar la "concatenación de decisiones desacertadas", que por cierto nos llevan a un resultado en general poco feliz...
Si nos dejamos llevar por el fatalismo y aceptamos resignadamente el destino sin ver la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos adversos, me parece que estamos en un extremo o si adoptamos una postura más combativa y nos envanecemos, auto convenciéndonos de que cada uno es capaz de dirigir en un 100% sus destinos, me parece que caemos en otro extremo.
Por cierto que todas estas cuestiones no surgen cuando el resultado obtenido es favorable a nuestros intereses.
Entonces, otra vez, de forma recurrente, surge la cuestión del balance...donde está el punto justo para poder ser capaces de encontrar el real sentido de lo acontecido ?
Tenemos el control de nuestras propias decisiones? Somos seres racionales? En un TED Talk http://bit.ly/sm8QC, Dan Ariely dice que no...o muy poco. Por otro lado, Peter Senge dice que somos prisioneros de sistemas cuya existencia no siempre percibimos, que a veces no fueron creados intencionalmente, y que nos hacen interactuar con otros en formas predecibles pero que no podemos evitar sin entender el funcionamiento de estos sistemas en los que estamos inmersos. Tal vez la sensación de fatalismo que a veces tenemos tiene que ver con la combinación de estos factores, que hacen que hagamos cosas que después nosotros mismos no entendemos, que hace que el logro de nuestros objetivos se complique demasiado, y que en cambio la opción que no preferimos funcione mejor. ¿Me deliré demasiado?
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